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El poder de la palabra

Un Sultán soñó que había perdido todos sus dientes. Después de despertar, mandó llamar a un sabio para que interpretase su sueño.

-"¡Qué desgracia, Mi Señor!", dijo el sabio. "Cada diente caído representa la pérdida de un pariente de Vuestra Majestad."

-"¡Qué insolencia! ¿Cómo te atreves a decirme semejante cosa? ¡Fuera de aquí! ¡Castigadle!", gritó el Sultán enfurecido.

Más tarde, el sultán consultó a otro sabio y le contó lo que había soñado. Este, después de escuchar al Sultán con atención, le dijo:

-"¡Excelso Señor! Gran felicidad os ha sido reservada. El sueño significa que sobrevivirás a todos tus parientes."

El semblante del Sultán se iluminó con una gran sonrisa y ordenó que dieran cien monedas de oro al sabio. Cuando éste salía del Palacio, uno de los cortesanos le dijo admirado:

-"¡No es posible! La interpretación que habéis hecho de los sueños es la misma que el primer sabio. No entiendo porque al primero se le pagó con un castigo y a ti con cien monedas de oro."

El segundo sabio respondió:

- "Amigo mío, todo depende de la forma en que se dice. Uno de los grandes desafíos de la humanidad es aprender a comunicarse. De la comunicación depende, muchas veces, la felicidad o la desgracia, la paz o la guerra. La verdad puede compararse con una piedra preciosa. Si la lanzamos contra el rostro de alguien, puede herir, pero si la envolvemos en un delicado embalaje y la ofrecemos con ternura, ciertamente será aceptada con agrado."

Leche de leona

El rey enfermó, y el médico real emitió el diagnóstico que el rey no curaría a no ser que tomase la leche de una leona. El rey estaba dispuesto a tomar la leche. ¿Pero quién traería la leona? Se ofreció la real recompensa. ¿Se atrevería alguien?

Un campesino que habitaba en la selva se ofreció y pidió un tiempo. Él conocía la guarida de los leones, se ganó su confianza con graduado contacto, ofreció tierna caza a la leona y ordeñó su leche. La llevó derecho al rey y le invitó a beberla.

En la corte sobran los envidiosos. Alguien gritó: "¡No es leche de leona!". Otro: "¡Es leche de cabra!". Otro: "¡Es leche de camella!". La sospecha se adueñó de todas las mentes, y el rey se dispuso a castigar al imprudente que por ganar una recompensa real traía leche falsa.

Pero el campesino supo defenderse. Dijo al rey: “¿Queréis saber si es de verdad leche de leona la que traigo? Bebedla. Si es de leona os curaréis, y si no, os quedaréis como estáis. ¿No digo verdad?” Calló la corte. Bebió el rey la leche y se curó inmediatamente. El campesino recibió la recompensa.

Carlos G. Vallés

Flexibilidad

El discípulo fue a visitar al maestro en el lecho de muerte.

- "Déjame en herencia un poco de tu sabiduría", le pidió.

El sabio abrió la boca y pidió al joven que se la mirara por dentro

- “¿Tengo lengua?”

- "Seguro", respondió el discípulo.

- "¿Y los dientes, tengo aún dientes?"

- "No", replicó el discípulo. "No veo los dientes."

- "¿Y sabes por qué la lengua dura más que los dientes? Porque es flexible. Los dientes, en cambio, se caen antes porque son duros e inflexibles. Así que acabas de aprender lo único que vale la pena aprender."

Bruno Ferrero

El buscador de la verdad

A un visitante que a sí mismo se definía como "Buscador de la Verdad" le dijo el Maestro:

- "Si lo que buscas es la Verdad, hay algo que es preciso que tengas por encima de todo".

- "Ya lo sé: una irresistible pasión por ella".

- "No. Una incesante disposición a reconocer que puedes estar equivocado”.