Belleza de la naturaleza

Un sacerdote estaba a cargo del jardín dentro de un famoso templo zen. Se le había dado el trabajo porque amaba las flores, arbustos, y árboles. Junto al templo había otro templo más pequeño donde vivía un viejo maestro.

Un día, cuando el sacerdote esperaba a unos invitados importantes, tuvo especial cuidado en atender el jardín. Sacó las malezas, recortó los arbustos, rastrilló el musgo, y pasó un largo tiempo juntando meticulosamente y acomodando con cuidado todas las hojas secas. Mientras trabajaba, el viejo maestro lo miraba con interés desde el otro lado del muro que separaba los templos.

Cuando terminó, el sacerdote se alejó para admirar su trabajo.

- "¿No es hermoso?", le dijo al viejo maestro.

- "Sí..." replicó el anciano, "... pero le falta algo. Ayúdame a pasar sobre este muro y lo arreglaré por ti".

Luego de dudarlo, el sacerdote levantó al viejo y lo ayudó a bajar. Lentamente, el maestro caminó hacia el árbol cerca del centro del jardín, lo tomó por el tronco, y lo sacudió. Las hojas llovieron sobre todo el jardín.

- "Ahí está... ahora puedes llevarme de vuelta".

3 comentarios:

felippunk reggaetonero dijo...

Bello y elocuente. Me gustan los cuentos de ésta página...

¿Qué reflexión puedo decir al respecto? Más bien sería ¿Qué entendí sobre el tema?

De acuerdo...

Creo que el cuento se puede entender desde dos puntos de vista., el primero (y que parece más importante según el autor), nos dice que toda manifestación natural (sin intervención del hombre) es bella. El segundo, nos dice que cada persona es diferente y sus apreciaciones respecto a la vida son proporcionales al tiempo que se toma en reflexionar sobre la vida misma.

Saludos !!

Mela del Rocio Hernandez dijo...

Muy interesante este cuento , el cuál te llena de sabiduria y conocimiento de la fé .lo recomiendo a toda persona que busque el saber de la espiritualidad,,Mela del Rocio Hernandez ...9-2-14

Eusebio Rubio dijo...

Creo simplemente que las cosas hay que hacerlas bien. El viejo maestro sabía que en cualquier momento podrían caer mas hojas al suelo, de modo que lo solucionó.
Probablemente el maestro Zen nos tomaría por idiotas, seguro que lo hizo porque sí.

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