Un jardín de rosas

El poeta Coleridge recibió un día la visita de un admirador.

Cuentan que en el transcurso de la conversación, surgió el tema de la niñez y la educación:

- "Creo", afirmó con rotundidad el visitante, "que debe dejarse a los niños total libertad para que piensen y actúen desde que son muy pequeños y que puedan tomar sus propias decisiones sin que nosotros intervengamos. Sólo así podrán desarrollar al máximo toda su potencialidad."

- "Ven a ver mi jardín de rosas", le dijo Coleridge, acompañando a su admirador hasta el jardín.

Al verlo, el visitante exclamó:

- "¡Pero esto no es un jardín... esto es un patio lleno de maleza!"

- "Solía estar lleno de rosas", dijo el poeta, "pero este año decidí dejar a las plantas de mi jardín en total libertad de crecer a sus anchas sin atenderlas. Y este es el resultado."

1 comentario:

javiputo dijo...

El cuento parece una crítica a la educación libertaria. El argumento parece ser que, como un jardín "cuidado" es mas bonito que uno salvaje, es mejor un niñx "cuidado" que uno salvaje, no? (un poco simplista).Vamos a profundizar un poco más.

Siguiendo con el símil niñxs/plantas(que creo que no es muy acertado). En el jardín de rosales, el jardinero literalmente mata a otras plantas (niñxs) que no son rosales y establece una sola raza con las características que el desea,¿no? Como hicieron los nazis vamos!

Y un jardín de salvaje, es un jardín con variedad, donde no sólo un tipo de planta sobrevive, donde se respetan los ritmos de las plantas y ellas se regulan en función de sus necesidades y los nutrientes que les proporciona el suelo.


Yo prefiero el jardín salvaje.

Publicar un comentario

¡Muchas gracias por tu visita y por tus comentarios!